Sistema propio de evaluación de aseguradoras
Salimos de una compañía a tiempo; cuando entró en crisis, nuestros clientes ya estaban en otro lado.
Situación
Teníamos una póliza en una compañía que, dentro de nuestro sistema de evaluación, calificaba como clase B: no es de las que priorizamos (en las “A” hoy, en 2026, tenemos el 86 % de nuestra cartera), pero necesitamos tener amplitud y cierta flexibilidad para ampliar el abanico de opciones cuando hace falta. Pero esta compañía empezó a dar señales negativas: postergaba las fechas de pago y mostraba mala predisposición al negociar los siniestros, algo que nos costaba un gran desgaste en cada caso. La volvimos a calificar, y sus resultados la hicieron bajar de B a C.
Esta compañía empezó a dar señales negativas.
Qué hizo ATENDER
La compañía nos daba excusas de que era una situación momentánea, pero seguimos nuestro procedimiento: no operamos con compañías que calificamos C, aunque eso signifique perder negocios. En poco tiempo logramos quitar toda la cartera que teníamos con ella, reubicando cada riesgo. Si en algún momento arregla sus números y sus pagos, podríamos volver a considerarla — mientras tanto, no hay excepción posible.
No operamos con compañías que calificamos C, aunque eso signifique perder negocios.
Resultado
Un par de años después, la compañía de la que habíamos migrado terminó con problemas serios de solvencia que afectaron a muchos asegurados. Nuestros clientes ya estaban en otro lado, posiblemente ni se enteraron de esta situación, sin haber sentido ni el cambio ni la crisis.
Aprendizaje
Seguir los procedimientos, aunque a veces sea incómodo, nos resulta fundamental. Somos flexibles para revisarlos y cambiar lo necesario, pero no sobre la marcha. Cuando están planeados, tienen una razón de ser, y la evidencia nos muestra que cumpliéndolos mantenemos nuestra forma de trabajar en un nivel alto.
El día a día está lleno de emociones o conveniencias momentáneas, que nos pueden distorsionar el largo plazo; por eso, seguir lo planificado es lo que nos hace olvidarnos de la presión de los resultados, porque si hacemos las cosas bien, los resultados llegan.
Si hacemos las cosas bien, los resultados llegan.




