Ese desesperante momento donde el seguro es lo único que te queda

Hay hechos que algunos solo ve en las noticias. Pero estar ahí estremece, se siente en todo el el cuerpo.

Vivo muy cerca de donde ocurrió la explosión de Ezeiza, en noviembre de 2025. Recuerdo  ese momento: el ruido seco, la vibración, la casa temblando. NO teníamos idea qué había pasado, de alguna manera presentíamos que algo grave acababa de ocurrir. Después vienen las imágenes, los datos, las explicaciones.

San Fernando hace unas semanas . Ezeiza hace unos meses. Antes otros casos. Inevitablemente, vendrán más.

Cada explosión, cada incendio industrial, cada siniestro de gran magnitud nos sacude por unos días. Hablamos de causas, de controles, de responsabilidades. Vuelve a aparecer la palabra prevención. Se prometen revisiones, mejoras, cambios. Pero el tiempo pasa, el riesgo parece bajar, dejamos de verlo, y los riesgos silenciosamente vuelven a minimizarse en la mente. Los trabajos de mitigación (invirtiendo) `pasan a segundo plano y los seguros para después.

¿Falla la memoria? O tenemos que tener cuidado de como funciona la mente

La realidad, aunque incómoda, es bastante clara: no fallan los seguros, falla la memoria o se extiende de más la negación.

Porque lo que termina golpeando de verdad no es solo el daño material. Es todo lo que viene después y que muchas veces no se dimensiona a tiempo: el negocio parado, el lucro cesante, clientes que no esperan, contratos que se caen, reclamos cruzados y sumas aseguradas que quedaron suelen estar desactualizadas frente a una reposición que no es inmediata (ni barata).

Estos eventos no son “imprevisibles”, mas bien todo lo contrario: Visibles. Conocidos y Postergados.

El coraje de emprender y el riesgo de no parar

Negar los riesgos es, en parte, humano. Es una forma de poder seguir adelante. Si midiéramos todo al extremo, muchas decisiones no se tomarían y muchos proyectos ni siquiera arrancarían. Por eso me saco el sombrero ante el coraje y la destreza de tantos empresarios argentinos que empujan todos los días, sosteniendo equipos, invirtiendo y apostando aun en contextos difíciles.

Ahora bien, entender esto no debería ser sinónimo de ignorar los riesgos. Sería muy recomendable saber cuáles vale la pena asumir y cuáles no, de la forma más precisa posible. Y ahí es donde, cada tanto, es recomendable hacer pausas estratégicas, pisar la pelota como  un buen diez.

Tomar distancia. Apoyarse en un analista de riesgos profesional que ayude a identificar qué cosas son razonables y cuáles ponen en juego demasiado.

Estar presentes antes, durante y después

Personalmente, acompañar a un cliente en momentos críticos puede ser desafiante, pero hay una diferencia enorme —y muy real— entre atravesar una catástrofe y poder decirle de diferentes maneras: “quedate tranquilo, va a estar todo bien” o solo tapar agujeros.

Para poder llegar a la etapa gratificante de sostener el negocio, el trabajo solo es posible cuando se hace la tarea, en conjunto, con tiempo y conciencia profesional de todas las partes.

La prevención, inevitablemente, se trabaja con tiempo. Cuando se trabajo en la mitigación a conciencia, la póliza está bien armada, la aseguradora y los reaseguradores son solventes, las cláusulas correctas y las sumas aseguradas acompañan la realidad. La mitigación acota el desastre, y el seguro actúa para recomponer. Porque  antes de que aparezca el humo hubo comunicación de todas las partes ocupándose proactivamente.

En Atender, Tu Broker seguro, sabemos que nuestro verdadero trabajo no empieza cuando ocurre un siniestro, es mucho antes y en equipo. En ayudar a pensar, revisar y prevenir, cuando nada parece estar pasando. Porque acompañar de verdad es estar presentes antes, durante y después. Y porque cuando llega el momento difícil, poder decir “quedate tranquilo” es mucho más que una frase: es la consecuencia de haber hecho bien las cosas a tiempo.

Porque cuando nos olvidamos ( o lo negamos), el riesgo no desaparece. Solo espera.

Postdata del analista:
Más allá de la experiencia personal, mi formación con un Postgrado como Analista de Riesgos en la UBA me enseñó que la teoría académica y la realidad argentina a menudo parecen chocar. Este blog es mi forma de unir esos dos mundos: el rigor técnico de la universidad y el día a día del empresario que le pone el pecho a las balas